Universidad
Nuestra Señora del Rosario
Administración
de Negocios Internacionales
Escritura
de Ensayos de Opinión
Profesor:
Juan Sebastián Cobos Munevar
Sergio
Roncancio
09/11/15
El
dilema de ser feliz
¿Qué
es la felicidad? o ¿Qué es ser feliz?, son dos preguntas verdaderamente
difíciles de responder. Por ende, su significado es totalmente subjetivo a cada
persona; de acuerdo con la manera en que ve la vida, piensa, siente y valora
sus prioridades cada quien puede llegar a concebir una definición única y
especial la cual tenga sentido para sí mismo.
Aunque
hoy en día se hable demasiado del concepto felicidad y estemos concentrados en
los medios para lograr dicha objetivo, esta búsqueda la cual conlleva un gran
dilema es algo antigua. Desde la época antigua, pasando por la medieval y
moderna, hasta la contemporánea, han existido grandes pensadores, filósofos, que
han intentado dar una respuesta a este dilema el cual nos ha interesado por
siglos.
Comenzaremos
con un grande de la época antigua, Aristóteles. Para Aristóteles, la felicidad
se logra alcanzar a través de la virtud o actos virtuosos (entiéndase por
virtud la manera mediante la cual se es capaz de realizar una finalidad). El
fin de todo ser humano es buscar la felicidad, para ello, Aristóteles habla
acerca de que todo acto realizado debe ser un medio para lograr el objetivo.
Más
aún, dichas acciones virtuosas se deben convertir en hábitos, todo esto para
lograr mediante ellas, que el ser humano
pueda llegar en algún momento a ser feliz. Aunque llevar en práctica esto es
muy complicado, Aristóteles deja ciertas claves para lograrlo. Una de ellas, y
creo la más importante, es el significado de las acciones virtuosas; estas
están netamente ligadas con la actividad del alma dejando un poco de lado la
del cuerpo.
Es
decir, para llegar a ser feliz, el hombre debe actuar de acuerdo a la voluntad
del alma y no dejarse llevar por las acciones y deseos terrenales y banales del
cuerpo. Además, dichas acciones del alma corresponden de igual manera al alma
intelectiva y racional. Lo cual quiere decir, que se puede alcanzar nuestro
objetivo mediante el conocimiento.
Por
otro lado, encontramos a Platón; aunque el objetivo es el mismo, encontrar la felicidad,
los medios y la concepción de otros dilemas lo hacen diferente. Para Platón, la
felicidad es una sensación de plenitud que lo llena de paz interior y
tranquilidad, alejándolo de momentos intrascendentes en la vida y acercándolo a
Dios. La única forma de lograr la felicidad, es tratar de parecerse a Dios,
aunque eso sea tarea imposible.
Según
Platón, Dios es perfecto, y para que el hombre pueda llegar a ser feliz, su
única opción es dejar a un lado todo lo terrenal y a través de la sabiduría y
búsqueda del conocimiento tratar de parecerse a Dios. Por ende, la felicidad no
se encuentra en nuestro mundo material, sino en el mundo sensible, la cual solo
se puede llegar a contemplar a través de las ideas.
Aunque
la búsqueda de la felicidad sigue siendo el objetivo principal del ser humano,
hoy en día los métodos han cambiado un poco. Ya no la buscamos mediante el
conocimiento ni la racionalidad, ni mucho menos acercándonos lo que más podamos
a Dios, tampoco a través de actos virtuosos, actualmente, en el camino a ser
feliz, existe un factor determinante, el dinero.
Desgraciadamente,
en la sociedad capitalista actual, el dinero es fundamental para la
subsistencia del hombre en la selva de concreto, de lo contrario, sería
devorado por lobos hambrientos como
presa fácil. Si no tienes dinero, no puedes ser feliz. Esto es debido a que es
el único medio por el cual el ser humano puede adquirir los elementos para
cubrir sus necesidades básicas.
Es
más, actualmente, pareciera que el fin se ha transmutado y ya no es la
felicidad sino la acumulación de riqueza lo buscado. En ese momento, el hombre
pierde su esencia y su camino hacia la felicidad se va desvaneciendo poco a
poco hasta desaparecer en la oscuridad. Más allá de la felicidad, la gente
sigue empecinada en conseguir cada vez más dinero, lo cual creen les concederá
más felicidad, sin embargo, con el paso del tiempo se percatan del error tan
grande el cual cometieron.
No
obstante, esto no quiere decir que tener dinero en abundancia sea malo, el
error está en cómo es utilizado. Si queremos ser cada vez más felices, de nada
nos sirve gastar nuestro excedente de dinero en elementos carentes de valor.
Tampoco aumentará nuestra felicidad aumentar nuestra riqueza ni desperdiciarla
en lujos extravagantes para relucir en la sociedad interesada, ¡No!, lo verdaderamente
importante en la búsqueda de la felicidad sería compartir.
Según
una entrevista concedida por Eduard Punset en el programa Redes para la
ciencia, la forma más fácil de ser felices es dar. Pero no dar solo porque sí,
él habla acerca del momento en el cual nosotros llegamos a comprender que
almacenar dinero no nos hace más felices, pero sí donarlo a caridad o simplemente
hacer algo con él, lo cual beneficie a otra persona, eso generará en nosotros
una sensación de alegría más grande jamás pensada.
En
cierta medida, estoy de acuerdo en realizar acciones benefactoras para generar
un alto grado de felicidad en nosotros. Sin embargo, del mismo modo también debemos
disfrutar lo adquirido con tanto esfuerzo con nuestra familia, amigos,
compañeros, entre otros, puesto que son esos momentos los cuales compartimos
con ellos los que de igual forma nos generarán felicidad en gran medida y nos harán
sentir realizados de alguna u otra manera.
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