viernes, 4 de septiembre de 2015

Obsolescencia programada: una sociedad de consumo

Universidad del Rosario
Administración de Negocios Internacionales
Escritura de Ensayos de Opinión
Sergio Roncancio
03/09/15
                                                            
Obsolescencia programada: una sociedad de consumo
Durante los últimos años, nuestra sociedad ha tenido grandes avances en todos los factores que la componen; avances tecnológicos, culturales, sociales, económicos, entre otros. No obstante, uno de los sectores que más desarrollo ha tenido pero que de igual forma ha generado muchas controversias, complicaciones y debates éticos ha sido el económico.
El sector económico, después de la Segunda Guerra Mundial creció de manera desmesurada, a un nivel exponencial que era exorbitante. Sin embargo, a pesar de que para el orden mundial éste crecimiento era algo positivo, no nos importó el trasfondo de dicho crecimiento, ni a costa de qué se generó, ni mucho menos las verdaderas implicaciones que podrían traer a futuro a la sociedad.
Para ser un poco más concretos con el tema, específicamente vamos a hablar de la obsolescencia programada,  un término que genera bastante controversia  a nivel mundial por su gran incidencia en la oferta de las empresas y en la demanda de los consumidores. Además de que ocasiona una polémica en la parte de la economía, de igual forma gesta discusión en el ámbito del medio ambiente.
Retomando el tema del desarrollo económico, el crecimiento que se dio en las décadas anteriores fue gracias a la producción en masa y una ideología consumista que implantaron las empresas en la mente de los consumidores. Sin embargo, antes de que dicho aumento en la economía se diera, la sociedad estaba estancada por una razón fundamental, no había flujo de capital. Las empresas entonces se dieron cuenta de esto y decidieron implantar la obsolescencia programada.
Antes de entrar a definir dicho concepto, anterior a la obsolescencia programada, los productos que ofrecían las organizaciones eran de extrema durabilidad y calidad, lo cual era prácticamente su lema. No obstante, al darse cuenta que debido a dicha durabilidad no estaban aumentando sus ventas ni las podían mantener a un nivel constante, empezaron a cambiar de pensamiento.
Ahora bien, la obsolescencia programada hace referencia a la programación de la vida útil de un producto  para que después de un periodo determinado de tiempo establecido por las empresas en la fase de gestación, éste quede obsoleto, inservible. Sabiendo esto, ésta práctica, se convirtió en el motor secreto de nuestra sociedad de consumo.
Desde ese entonces, las empresas empezaron a diseñar todos sus productos para que de una manera u otra su durabilidad fuera cada vez menor con el tiempo para incrementar e incentivar el consumo para que así ellos pudieran obtener más ganancias en sus procesos. Siendo éste proceso poco ético, las empresas nos vendieron la idea de que la felicidad estaba ligada al consumo, es decir, que el ser humano buscaba y encontraba la felicidad en la medida que su consumo fuera mayor.
Por consiguiente, el hombre en su afán de progreso, optó por consumir desmesuradamente productos que le eran útiles  y hasta artículos que no necesitaba, con el fin de satisfacer la necesidad de consumo que se le había implantado a la sociedad, la cual cayó en una falsa creencia de crecimiento económico.  
Uno de los ejemplos más claros de éste fenómeno, el cual también se considera el inicio de la obsolescencia programada es la producción de bombillas eléctricas. En un principio, las industrias eléctricas lograron patentar bombillas que tenían hasta 2500 horas de duración. No obstante, al ver que su producción se vio reducida, mediante carteles y alianzas de empresas mundiales, decidieron reducir la vida útil a menos de la mitad,  por lo menos a 1000 horas de uso.
Es irónico pensar en que la bombilla siempre ha tenido una connotación y un simbolismo muy fuerte en  referencia  a ideas e innovación y termine siendo el más grande ejemplo de obsolescencia programada.
Asimismo, otro ejemplo muy fuerte fueron las medias de nylon para dama. En 1938 se lanzaron al mercado unas medias de nylon tan resistentes que parecían irrompibles. Las damas de esa época estaban dichosas puesto que la calidad era excelente. Tanto así, que se realizaron pruebas en las que se amarraban dos medias, cada extremo a un carro diferente,  uno de ellos halaba al otro  y no se rompían.
Pero como todo en ésta vida, nada es perfecto, las industrias sólo le encontraron un problema a este producto, era demasiado bueno. De igual modo, las empresas textiles, luego de ver que su producción disminuía dejaron de fabricarlas tan resistentes con el fin de que las mujeres de la época volvieran a comprar sus medias y reavivar el consumo de dicho bien.  
Otra de las más duras críticas a la obsolescencia programada es la cuestión ética de las organizaciones productoras en el mundo. ¿Era justo, o mejor ético, que las empresas  diseñaran sus productos para que después fallaran, caducaran? Éste dilema generó que algunos de los ingenieros de las empresas se retiraran puesto que su moral no permitía engañar a la sociedad de dicha manera. Sin embargo, la gran mayoría siguieron con su trabajo debido a que lo necesitaban.
De todas formas, las empresas siguieron poniéndole fecha de caducidad a sus productos, con el fin de aumentar la producción e incentivar el consumo de la sociedad mediante estrategias de marketing y seduciendo al consumidor a comprar productos que a fin de cuentas no necesitaban y que después de un tiempo determinado por las empresas iban a terminar fallando por una u otra razón.
En consecuencia a esto, la obsolescencia programada está orientada a inducir al consumidor a malgastar su dinero, a fortalecer el capitalismo salvaje, a poner barreras con el comunismo y el uso de productos de alta durabilidad, a que las empresas malgasten recursos naturales agotables que en su momento consideraban infinitos y no dimensionaron la gravedad del asunto a futuro. Lo cual genera una falsa creencia a pensar que un crecimiento ilimitado de la economía es compatible con nuestro planeta limitado.

Por otro lado, la última falencia de la obsolescencia programada, y a mi parecer la más importante y la que tiene un mayor impacto a nivel mundial, es la crítica al medio ambiente. La obsolescencia programada se ve con mayor incidencia en los países del primer mundo, empero, los afectados también son otros como los del tercer mundo. Éstos se ven afectados en la medida en que, se genera tanto consumo que las empresas no tienen la capacidad de deshacerse de todos los residuos. Además, no tiene responsabilidad social ni políticas amigables con el medio ambiente que mitiguen el impacto que produce todos los desechos.
Aún más, su responsabilidad social y ambiental está tan reducida que toda la basura que poseen, la envían a países como Ghana, el cual lo consideran como su tiradero de residuos. Para mí, ahí está el problema más grande que tiene la obsolescencia programada. No le basta con generar problemas económicos y sociales, sino además de todo, genera un gran daño irreversible a nuestro planeta.

Después de todo esto, pensar que el progreso que se obtuvo durante cierto periodo de tiempo fue un bien para la sociedad es casi una utopía, puesto que lo que en realidad generó  fue una falsa creencia de progreso que tarde o temprano se verán reflejadas las consecuencias en nuestra sociedad actual, saldrán a flote los problemas que nos dejó la obsolescencia programada. Ahora bien, la cuestión es si seguiremos permitiendo que la obsolescencia programada nos termine transformando en una sociedad obsoleta…

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